lunes, 1 de junio de 2015

   

   Todos los seres humanos tenemos autoestima. Siempre. Podemos estar con ella en un nivel más alto o más bajo, pero no existe la persona que no la tenga. 
Entonces ¿qué es la autoestima? Es la valorización de mí mismo, o sea, cuánto me valoro (por eso el prefijo auto). Así debería ser, pero no siempre lo es porque nos dejamos influenciar por lo que piensan los demás. Permítanme compartir con ustedes este cuento que Jorge Bucay incluyó en su libro “Cuentos para Demián”:

El verdadero valor del anillo

Un joven concurrió a un sabio en busca de ayuda.
-Maestro, vengo porque me siento tan poca cosa que no tengo  fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar, Maestro? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?
El Maestro, sin mirarlo, le dijo:
-¡Cuánto lo siento, muchacho, pero no puedo ayudarte! Debo resolver primero mis propios problemas. Quizás después... Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después, tal vez, te pueda ayudar.
-E… encantado, Maestro –titubeó el joven, pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas-.
-Bien –asintió el Maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó-  Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo para pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.
El joven tomó el anillo y partió. Apenas llegó, empezó a ofrecer el anillo a los mercaderes. Estos lo miraban con algún interés hasta que el joven decía lo que pretendía por el anillo. Cuando el joven mencionaba la moneda de oro algunos reían, otros le daban vuelta la cara y solo un viejito fue tan amable como para tomarse la molestia de explicarle que una moneda de oro era muy valiosa para entregarla a cambio de un anillo.
Con el afán de ayudar, alguien le ofreció una moneda de plata y un cacharro de cobre, pero el joven tenía instrucciones de no aceptar menos de una moneda de oro, así que rechazó la oferta. 
Después de ofrecer su joya a toda persona que se cruzaba en el mercado –más de cien personas- y abatido por su fracaso, montó su caballo y regresó. ¡Cuánto hubiese deseado el joven tener él mismo esa moneda de oro! Podría habérsela entregado al Maestro para liberarlo de su preocupación y recibir entonces su consejo y su ayuda.
-Maestro –dijo-, lo siento. No es posible conseguir lo que me pediste. Quizás pudiera conseguir 2 o 3 monedas de plata, pero no creo que yo pueda engañar a nadie respecto del verdadero valor del anillo.
-¡Qué importante lo que dijiste, joven amigo! –Contestó sonriente el Maestro- Debemos saber primero el verdadero valor del anillo. Vuelve a montar t vete al joyero. ¿Quién mejor que él para saberlo? Dile que quisieras vender el anillo y pregúntale cuánto te da por él. Pero, no importa  lo que ofrezca, no se lo vendas. Vuelve aquí con el anillo.
El joven volvió a cabalgar. El joyero examinó el anillo a la luz del candil, lo miró con su lupa, lo pesó y luego le dijo:
-Muchacho, dile al Maestro que si lo quiere vender ya, no puedo darle más de cincuenta y ocho monedas de oro por su anillo.
-¿Cincuenta y ocho monedas? –exclamó el joven.
-Sí –replicó el joyero-. Yo sé que con tiempo podríamos obtener por él cerca de setenta monedas, pero si la venta es urgente…
El joven corrió emocionado a la casa del Maestro a contarle lo sucedido.
-Siéntate –dijo el Maestro después de escucharlo-. Tú eres como este anillo: una joya única y valiosa, y como tal sólo puede evaluarte un experto. ¿Qué haces por la vida pretendiendo que cualquiera te diga tu verdadero valor?
Y diciendo esto volvió a ponerse el anillo en el dedo meñique de su mano izquierda.

¿Qué es la autoestima?

Lejos estoy de pretender parecer psicóloga; mis conocimientos  sobre el tema apenas rozan lo básico, pero aún así mis simpatías se inclinan por la Escuela Humanística porque es la que más se parece a mi forma de pensar.  El pensamiento que tiene esta corriente para el tema de la autoestima, se refleja en el siguiente axioma: 
“Todo ser humano, sin excepción, por el mero hecho de serlo, es digno del respeto incondicional de los demás y de sí mismo; merece estimarse a sí mismo y que se le estime”. Y a esto podríamos agregar que: “La autoestima es un conjunto de percepciones, pensamientos, evaluaciones, sentimientos y tendencias de comportamiento dirigidas hacia nosotros mismos, hacia nuestra manera de ser y de comportarnos, y hacia los rasgos de nuestro cuerpo y nuestro carácter. En resumen, es la percepción evaluativa de nosotros mismos.”
Para poder conocerme y evaluarme, lo primero, primordial y básico, es el conocimiento de mí mismo como ser humano. ¿Cómo podría evaluarme, estimarme y/o valorarme si no me conozco? Qué tipo de temperamento tengo, cuáles son mis reacciones, cuáles son mis virtudes y defectos, y un largo etcétera. 
La autoestima es un concepto gradual que se presenta en tres estados: 
-Tenemos la autoestima alta cuando nos sentimos capacitados para enfrentar la vida, no sentimos valiosos y aceptados como persona.
-Tenemos la autoestima baja cuando sentimos que no estamos en disposición de enfrentar la vida o que estamos equivocados como persona. 
-Tenemos un término medio de autoestima cuando oscilamos entre los otros dos estados: a veces nos sentimos valiosos y a veces inútiles, que como personas acertamos y nos equivocamos, a veces actuamos de forma sensata y otras de forma irreflexiva; todo esto nos hace sentir inseguros tanto como personas como también en las decisiones que debemos tomar. Se diferencia de la autoestima alta porque en este estado la persona está segura, lo que no significa que igual se equivoque.

¿Quién le dará valor a mi anillo?

En el mundo del BDSM –y sobre todo en las redes sociales-, tenemos la tendencia a dejarnos valorar por los demás. Algunas personas, sin importar su rol, buscan esa aprobación previa en sus nicks. Otros buscan hacerse notar en sus muros, en los grupos, o en los  chats personales, buscando impresionar a quien los lee. Los resultados son variados y casi siempre depende de la capacidad y experiencia que tenga quien está del otro lado de la pantalla. 
Mientras que la relación se mantiene virtual, los daños pueden ser psicológicos, y no es poca cosa. Pero cuando la relación se hace real, a esos daños se agregan los físicos.
Siempre repito que el BDSM es un juego muy serio, y que para jugar hace falta estar centrado en las emociones, dominarse a uno mismo antes de dominar o dejarse dominar por otro, y tener claro dónde se está metiendo.
Tanto los TOP como los bottom pueden tener su autoestima en cualquiera de los tres niveles que recién hablamos. Si no tenemos nuestra autoestima alta y estamos seguros de nosotros mismos, de nuestros pensamientos y de nuestras acciones, si no somos responsables de lo que hacemos y decimos, no  estamos preparados para el BDSM. Por eso no me canso de decir que las personas que tienen problemas psiquiátricos, que consumen medicación psiquiátrica o visitan al siquiatra de forma permanente, deberían abstenerse de practicar BDSM hasta que obtengan el alta, porque pondrían  en riesgo su seguridad física y psicológica y también las de quienes comparten sus sesiones. 
¿Quién me dirá cómo está mi autoestima? ¿Quién valorará mi anillo: un matarife de feria o el mejor joyero que pueda conseguir? Si nos decidimos por el segundo, solo puede ser uno: yo mismo. Nadie verá mi verdadero valor porque nadie me conoce como yo. 
Entonces, quizás, lo primero que deberíamos hacer es conocernos en profundidad antes de dar el paso de tomar a alguien a nuestro cargo o entregarnos a otra persona.
Un ser humano –independiente de su rol- con la autoestima baja, es un grave peligro para sí mismo y  para los demás. Aprendamos a conocernos y valorarnos.

La escalera de la autoestima

Para llegar a la seguridad de una alta autoestima, debemos subir una escalera imaginaria, desde el primer escalón:

1)Auto reconocimiento: reconocerme a mí mismo, con mis habilidades, potencialidades, debilidades, cualidades corporales y psicológicas. Aprender a reconocerme en mis acciones, pensando en por qué actúo de este modo y qué siento.

2)Auto aceptación: Pongamos este concepto en palabras de Albert Ellis:
“Autoaceptación” quiere decir que la persona se acepta a sí misma plenamente y sin condiciones, tanto si se comporta o no de forma inteligente, correcta o competente; y sin importar si los demás le conceden o no su aprobación, respeto y amor.

3)Auto valoración: Es buscar y valorar todo aquello que me hace sentirme orgullosa de mi misma.

4)Auto respeto: Es cuando expreso y manejo de forma conveniente sentimientos y emociones, sin dañarme ni culparme. Es respetarme a mí misma, considerando que merezco ser feliz tratándome de la mejor forma posible y sin permitir que nadie me maltrate. Es convencerme que mis deseos y necesidades son un derecho natural; eso me permitirá respetar a los demás con sus individualidades.

5)Auto superación: Cuando llego a conocerme puedo ser consciente de mis cambios. Eso me permite armar mi propia escala de valores, desarrollar y fortalecer mis capacidades y potenciales, aceptarme y respetarme para vivir en una constante superación.  Cuando logro superarme a mí misma se eleva mi autoestima, logro pensar y entender con más claridad para tomar decisiones y resolver asuntos de la vida diaria.  Es reconocer esa gran cantidad de pequeños logros del día a día.

La Auto eficacia y la Auto dignidad

Representan la esencia de la Autoestima, son sus pilares.
La Auto eficacia es confiar en el funcionamiento de mi mente, mi capacidad para pensar, juzgar, elegir, decidir.  Es la confianza en uno mismo y en que tomará la mejor decisión para ese momento.
La Auto dignidad es mi mérito personal, lo que me da seguridad de lo que valgo, la actitud positiva por el derecho que tengo a vivir y ser feliz.


La Autoestima en el bottom

La autoconmiseración es una sintomatología de la baja autoestima. El bottom se tiene lástima, se insulta, se lamenta y hasta podría paralizarse con su propia tristeza. No se considera alguien apreciable y el valor que tiene ante sí mismo se derrumba.

Existe otro tipo de sumiso que aunque tiene su autoestima alta porque se aprecia y tiene una buena imagen de sí mismo, se le desmorona con facilidad porque evita tomar decisiones debido al miedo a equivocarse. El llamado “fanfarrón”  sería un claro ejemplo, porque muchas veces esa persona que se encuentra tan segura de sí misma solo está aparentando una seguridad que no tiene, temiéndole a los fracasos, las derrotas o la vergüenza. Es hasta capaz de perder para demostrar que no le importa una derrota y hacer creer que perdió a propósito, cuando en realidad tenía miedo de que otro le ganara. Es el típico envidioso, aunque no puede asumir su envidia.

Por último está el que nos interesa, el que tiene su autoestima alta y fortalecida. No le teme al fracaso porque es consciente que hizo un 100% de esfuerzo y que el resultado de ese esfuerzo no depende de él. Es una persona alegre y sobre todo humilde, porque no necesita alardear sobre lo que hace. Lucha para alcanzar sus proyectos pero el resultado no afecta su autoestima, por eso no le resulta imposible reconocer sus errores ya que estos no la comprometen. Es el sumiso que no le teme a la pérdida de prestigio social y vive con felicidad y bienestar.

De todas formas debemos fortalecer la autoestima de forma continua porque no es indestructible, pero sí recuperable. Si sabemos valorarnos no necesitamos que nadie lo haga por nosotros.

Autora: Ana Karen Blanco y colaboración de  Caronte Leeialo


3 comentarios:

  1. Muy buen articulo muchas gracias.

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  2. Un artículo muy útil, lleno de claves interesantes. Y es que ser sumis@ no implica carecer de autoconcepto, ni mucho menos autoestima, a mi parecer. Al revés, lo más importante es poseer esta ultima para evitar caer en relaciones tóxicas o enviciadas.

    Añado este blog a sitios que sigo en el mío, que modestamente comienza. Gracias por tanto material útil disponible aquí.

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  3. Me gustaría preguntar si entre las posibilidades que en mi opinió ofrece la relacío D/s, ¿sería posible que un auténtico Amo, equilibrado, con conciencia de su responsabilidad, que entienda que ha de cuidar al sumiso/a, pudiera tener a su cargo a un sumiso/a con la autoestima algo tocada, pero con conciencia de que el límite es su integridad, y que le ayudara a fortalecer esa autoestima? Gracias.

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